Comida y descansos en una jornada de trabajo con excursión

Ilustración de un paisaje

Una excursión de trabajo es una buena ocasión para conocer mejor a los compañeros y salir de la oficina. Pero también trae cambios: no hay cocina, no hay mesa fija y a veces no hay horario claro. Si no se organiza bien, la comida se improvisa y las pausas se pierden entre visitas, traslados y explicaciones. Con un poco de previsión, la jornada resulta más agradable para todos.

Antes de salir

Averigua cuál es el plan del día y cuándo están previstas las paradas. Si hay comida organizada, comprueba qué incluye y si hay opciones para quienes no comen de todo. Si no la hay, lleva una fiambrera con algo sencillo y una botella de agua. Un bocadillo y una pieza de fruta ocupan poco y solucionan muchos apuros. Añade un pañuelo, una bolsa para la basura y algo de abrigo por si cambia el tiempo.

Elige ropa y calzado cómodos, pensando en caminar y en estar de pie. Lleva una mochila pequeña en lugar de un bolso, para tener las manos libres. Acuerda con los compañeros dónde os encontraréis si alguien se pierde, y guarda el número del organizador en el móvil. Con estos pequeños preparativos no tendrás que preocuparte durante el resto del día.

Durante la jornada

Aprovecha cada parada para sentarte un momento, aunque sea en un escalón o en un muro. No esperes a la comida oficial para beber o comer algo: un pequeño tentempié a media mañana ayuda a llegar con ánimo. Si hay un rato libre, no lo llenes de gestiones o de llamadas. Camina, mira alrededor, habla con la gente y disfruta de estar fuera de la oficina.

A la hora de comer, siéntate con distintos compañeros, sobre todo con quienes no ves a diario. Comparte lo que llevas y prueba lo de los demás. Al volver, ordena tus cosas y deja la basura donde corresponde. Si la excursión ha sido larga, no planees nada para el resto de la tarde y tómate el tiempo de llegar a casa con calma. Una jornada así se recuerda mejor cuando se ha comido bien y se han hecho pausas de verdad.