Desayunar en el trabajo cuando en casa las mañanas van con prisas

Ilustración de un paisaje

Hay mañanas en las que no hay manera. El despertador suena tarde, hay que vestir a los niños, encontrar las llaves y salir corriendo, y el desayuno se queda sin hacer. En lugar de comer nada o tomar algo apresurado en el coche, puedes trasladar el desayuno al trabajo. Basta con prepararlo un poco y reservarle unos minutos nada más llegar, antes de que empiece el ritmo de la jornada.

Preparar la víspera

El truco está en dejarlo listo la noche anterior. Guarda en una fiambrera algo sencillo, como un bocadillo, una pieza de fruta, unas galletas o un yogur, y ponla junto a la puerta o en la mochila. Si en el trabajo hay nevera, deja allí lo que se conserve bien. También puedes tener en un cajón algo que no se estropee, como un paquete de galletas o una infusión, para los días de emergencia.

Llega unos minutos antes, si puedes, para tener tiempo. Elige un sitio tranquilo, como la cocina de la oficina, la cafetería del edificio o un banco de la calle. Come sentado y sin mirar la pantalla. Un café o un té tomado con calma, con una tostada o unas galletas, ya es un buen comienzo. Deja el correo para después, porque no se va a ir a ninguna parte.

Hacerlo con los demás

Si hay compañeros en la misma situación, quedad para desayunar juntos. Una vez por semana o cada día, según os venga, sentaros en la misma mesa convierte una necesidad en un momento agradable. Nadie tiene que cocinar mucho: cada uno trae algo y se comparte. Es una buena manera de hablar antes de que empiecen las reuniones y de que el día se llene de tareas.

Habla también con tu jefe o con tu equipo si necesitas ese tiempo. Muchas veces basta con avisar de que a cierta hora estás en la cocina y de que después estarás disponible. Con una pequeña rutina, las mañanas de prisa dejan de ser un problema. Y si una mañana no llegas a nada, no pasa nada: siempre puedes tomarte un descanso más tarde y hacer allí lo que no hiciste en casa.