Encontrar un respiro cuando trabajas con niños y casi nunca estás solo

Ilustración de un paisaje

Quien trabaja con niños, como maestra, educador, monitor o cuidadora, pasa el día rodeado de voces, preguntas y movimiento. Es un trabajo bonito, pero deja muy pocos huecos para estar a solas. La pausa del café puede convertirse en otra conversación, y el baño en el único lugar tranquilo. Con un poco de organización se pueden crear pequeños respiros que hagan la jornada más llevadera.

Turnos y acuerdos

Lo primero es hablar con los compañeros. Si sois varios, poned turnos para que cada uno pueda apartarse un rato mientras los demás se quedan con el grupo. Apuntadlos en una hoja a la vista para que nadie tenga que pedir permiso cada vez. Cuando le toque a otro, cúbrelo con la misma naturalidad con que te gustaría que te cubrieran a ti.

Busca un rincón donde los niños no tengan que estar. Puede ser la sala del profesorado, un almacén con una silla, el patio trasero o un banco lejos del recreo. Lleva contigo una bebida caliente o fría y siéntate. Deja el móvil en el bolsillo, si puedes, y no contestes a nadie durante unos minutos. Un rincón fijo se convierte enseguida en un pequeño refugio.

Respiros pequeños

No esperes solo a la pausa oficial. Aprovecha los momentos en que los niños están ocupados con una actividad tranquila para sentarte un instante, mirar por la ventana o estirar los brazos. Un minuto de silencio a mitad de la mañana cuenta más de lo que parece. Si el grupo está sereno, no lo rompas con más tareas: quédate un momento quieta o quieto.

A la hora de comer, procura sentarte sin niños alrededor y no hablar del trabajo. Habla de otra cosa con tus compañeros: de la tele, de un viaje, de lo que vais a cocinar. Después de comer, da una vuelta a la manzana antes de volver. Al terminar la jornada, marca el final con algo pequeño, como cambiarte de ropa o poner música en el camino de vuelta. Así dejas atrás el ruido y llegas a casa con las manos y la cabeza más libres.