Sacar partido a una pausa larga a mediodía

Ilustración de un paisaje

En muchos lugares de trabajo la pausa de la comida es larga. Hay quien sale a comer con calma, quien se queda en la oficina y quien se va a casa. Tener tiempo es una suerte, pero también un reto: si no se piensa un poco, la pausa se va en dar vueltas y luego se vuelve al trabajo sin haber descansado de verdad. Con algunas ideas sencillas se puede aprovechar mucho mejor.

Dividir la pausa

Piensa en la pausa como si tuviera tres partes: comer, moverse y no hacer nada. Empieza por sentarte a comer sin prisa, sin el móvil y con alguien que te caiga bien. Después sal a dar un paseo, aunque sea corto, y termina con unos minutos tranquilos en un banco o en un rincón de la oficina. Así el tiempo tiene forma, y no te queda la sensación de haberlo perdido.

Elige con cuidado el sitio donde comes. El menú del bar de siempre está bien, pero también puedes llevar tu propia comida y tomarla en un parque o en una terraza. Cambiar de lugar de vez en cuando evita que la pausa se vuelva rutinaria. Si vas con compañeros, alternad los sitios y dejad que cada día elija uno diferente.

Hacer algo distinto

Una pausa larga permite hacer cosas que en una corta no caben: leer un capítulo, escribir una carta, visitar una tienda del barrio o entrar en una exposición pequeña. Piensa qué te gustaría hacer si tuvieras un rato libre y apúntalo en una lista. Cuando llegue la pausa, elige una cosa y hazla. No hace falta llenar todo el tiempo: dejar un margen también es descansar.

Ten cuidado con los pequeños errores. No vuelvas a mirar el correo solo un momento, no empieces tareas nuevas antes de terminar y no te quedes sin comer por hacer recados. Si tu trabajo depende de horarios ajenos, avisa a tus compañeros de cuándo estás y cuándo no. Al volver, dedica unos minutos a ordenar la mesa y a ver lo que queda para la tarde. Con una buena pausa, la tarde parece una jornada nueva y no la cola de una mañana larga.